Abril en Nueva York


Desde el primer momento que vi el trailer de la opera prima de Piroyansky, supe que mi afán por verla crecería con el correr de los meses, mucho màs aún cuando recorriendo cuantioso sitio internauta existente, no lograba dar con ella. 
La verdad es que el argumento de Abril en Nueva York no es de los más originales ni nada que no hayamos visto antes, pero hay algo en ella que la distingue de todo el resto, quizás la magia que imprimen los personajes interpretados por Carla Quebedo y Abril Sosa; una pareja de argentinos que reside desde hace pocos meses en Nueva york, e intenta como sea salir a flote en una ciudad tan hostil que parece no darles respiro, sobretodo a la hora de concretar sus proyectos personales, tal es asì que Valeria, la protagonista femenina del film, realiza un recorrido sin mucha trascendencia sobre como es el hecho de querer vivir de la actuación en una ciudad yankee a sabiendas de todos los contras que significa hablar otro idioma y tener un acento distinto. Pablo, el otro protagonista personificado por Abril Sosa, el novio bohemio de Valeria, es quien se autodefine como un músico que no quiere sentir que su trabajo solo se basa en ganar dinero, pero al mismo tiempo se encuentra desempleado y vaga durante el día entero por la ciudad junto a su amigo francés Jean Paul, sin mostrar preocupación alguna ante su situación.
Por otra parte ademas de las idas y vueltas de la pareja en cuanto a lo económico, hay otro aspecto de mayor conflicto; la relación de amor que ambos protagonistas comparten y que parece unirlos màs que nunca en un lugar donde solo se tienen a ellos mismos, sin embargo con momentos de gran tensión protagonizados la mayorías de las veces por el personaje de Abril Sosa, el forastero que parece no adaptarse al medio que lo acobija, y por ende cada vez que puede, aprovecha para embriagarse y ser una carga más para su novia, una carga como la que puede llegar a representar un hijo rebelde para una madre devorada por el hartazgo, ese quizás es otro rol que asume la angelada Carla Quebedo, con una insólita faceta maternal contiene a Pablo, cuya versión frágil y melancólica, intenta decirnos indirectamente que su único deseo es sobrevivir en un mundo al que ella lo arrastrò. En innumerables escenas no solo podemos percibir las constantes bisagras que separan a ambos protagonistas, a pesar del inmenso amor que siente uno por el otro, sino también como con cada correctivo, con cada queja, el personaje de Sosa se ve sumido en la tristeza mas pura que solo puede sentir alguien que cree que no lo esta dando todo.
Además de la historia amorosa que termina por encuadrar la obra de Piroyansky, entre otros rasgos que resaltan por si solos, se ubica esa maravillosa fotografía que nos enseña los lugares típicos de la ciudad, como el central park, los viajes en subway, la noche neoyorkina en todo su esplendor, sus luces, sus taxis, sus teatros cuyas marquesinas son el alma de una ciudad que como bien dice el dicho "Nunca duerme", sus restaurantes bistrò, su diversidad cultural, tantas cosas que me generan en lo personal el deseo de llegar a conocer la gran manzana.