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Goodbye Girls!


Todo el mundo habló sobre el final de Girls, incluso aquellos que nunca siguieron la serie con demasiado fanatismo. Que fue demasiado conciso, que hizo agua al devolvernos una Hannah hastiada con su reciente maternidad, y sus problemas con la lactancia, como uno de los temas a tratar en un episodio del que quizás esperábamos más. En lo personal, pienso que ese fue el error que cometimos la gran mayoría; Esperar un mega final, donde hayamos podido expectar a todas las protagonistas realizadas, como cierre de una larga seguidilla de fracasos y desilusiones amorosas. Sin embargo no nos dimos cuenta que el verdadero propósito de Girls fue siempre poner el foco en un determinado personaje, y nunca en todos a la vez. Eso y que el final no necesariamente tenía que ser tan glorioso, ni una resolución mágica sobre como cada una sigue con su vida, porque si hay algo para rescatar de la serie de Dunham es que ha sido uno de los sucesos mas realistas de la televisión actual, y que por serlo a lo largo de todos estos años, no tenía porque darnos un final de fantasía, que de hecho ningún seguidor de la serie hubiera creído. Si nos remitimos a los hechos, no se puede pretender que el personaje de Jemima después de haber sido una yonki durante todas las temporadas, se convierta en una madre de familia al mejor estilo Kate Baker en el último episodio, porque de Jessa siempre esperamos ver a una artista bohemia ligada a alguien igual de adicto y errático como ella. Al igual que hubiera sido ver a Marnie casada con Ray después de su largo historial de relaciones fallidas.
De todas maneras es indiscutible que el último capitulo tuvo sabor a poco. Como la cursi que soy y que Hollywood me convirtió a lo largo de los años, yo tambien esperaba un happy-end como el del último de la temporada anterior. Un happy-end muy a lo Girls, pero un final que al menos nos dejara creyendo que no todo se reduce en una lección de feminismo. Aunque como buena feminista, Dunham podría habernos mostrado la otra cara de la moneda, al elegir dar en adopción a su hijo, o simplemente acceder a criarlo junto a Elijah, mientras su carrera siguiera en ascenso. Tampoco fue el caso, la protagonista termina trabajando como profesora universitaria, quizás lo mas lejano de su sueño de convertirse en escritora.
Otro punto develado en esta sexta edición, fue que Hannah no terminara emparejada junto a Adam. El pibe tóxico y confundido que tendría que haber culminado su paso por la serie desde que decidió iniciar una relación con Jessa. Hay que decirlo, Adam siempre fue más apropiado para Jessa que para Hannah. De hecho no cerraba por ningún lado que en el trascurso de esta temporada Adam intentara hacerse cargo del hijo de Hannah. Planteo que solo sirvió para que ambos se dieran cuenta que algo así era tan ilusorio como imposible. Aun así, la dupla Driver-Dunham nos dejó con el corazón pertrecho pero también nos mantuvo enganchados a la pantalla en los momentos más felices de la pareja. Un final, que si bien se veía venir, nos dejó con la certeza de que no siempre los opuestos se atraen.
De los minutos culmines solo nos queda la sensación de que ya nada nuevo puede suceder después de una Dunham caminando semidesnuda hasta su nueva casa, mientras es secundada por un patrullero a mitad de la noche. Finalmente la única que decide quedarse, pese a cualquier diferencia pasada, es Marnie. Al ser incluida en el último episodio, podemos inferir que ella sigue siendo la única capaz de jugársela por el personaje de Dunham, y que pese a todos los contratiempos, el alter ego de Williams ha logrado redimirse de sus actos egoístas al postergar sus deseos personales por la maternidad de Hannah, quizás uno de los mejores relatos sobre amistad con el que la serie selló su paso por el prime time, así como también por una generación que empatizó como nunca con las historias de estas chicas.